martes, 24 de mayo de 2016

HERMANO RAMON CELESTINO ORTIZ

VICENTE MIGUEL ORTIZ, Nació en Guaitarilla el 16 de julio de 1894. Murió en  Armenia en 1982. Pero en 1910 ingresó a la Comunidad Maristas de Popayán y en 1912 es formalmente Hermano Marista bajo el nombre de Hermano RAMON CELESTINO ORTIZ. (San Marcelino José Benito Champagnat Chirat, fue un sacerdote francés, fundador de los Hermanos Maristas)
Su vocación religiosa lo lleva a ser educador  y directivo docente en colegios de Manizales y Armenia.
Destacado poeta y compartía honores con Marco Aurelio SOLARTE, Son con este lo más relevante de la poesía Guaitarillense.  Lo poco conocido de su obra está en los siguientes poemas pues se dice que muchos de sus temas quedaron inéditos y en el olvido. “Colombia mártir y gloriosa”, “La Gloriosa Epopeya del Departamento de Nariño”, “Epopeya al Beato Marcelino Champagnat”, “Himno al Municipio de Guaitarilla”, “Himno a María Inmaculada
Gobernadora de Santa Marta”,  ”Himno al Colegio Champagnat de Pasto”.
LA GLORIOSA EPOPEYA
DEL DEPARTAMENTO DE NARIÑO
Posado en la cimera el Galeras,
volviendo al Sur ansioso las miradas,
se contemplan las tierras enmarcadas
por montañas de variada magnitud;
allá el Cumbal por alcatifa tiene
el lujo halagador de la llanura,
en donde alternan con la brisa pura
un silencio imponente y la quietud.
El Carchi allá de gélida corriente,
por entre rocas quiebra los cristales,
y un templo de belleza celestiales
de un abismo se incrusta en el bastión.
Por una senda que serpeando baja
un gran talud cubierto de labranza,
devoto peregrino en esperanza
desciende con marcada devoción.
Cerúleo, inmenso, de turgencia lleno,
se muestra el mar que descubrió Balboa;
en medio del vaivén va a canoa
surcando, rica en oro, el Telembí.
Los mangles gigantescos la vigilan
pasar entre los golpes de los remos,
los loros de la rama en los extremos
se ponen a gritar con frenesí.
Voy del Patía al valle caluroso,
del Mayo y Juanambú a explorar el lecho
lodoso, abrupto, egoísta estrecho,
que niegan de las aguas el favor.
Agreste variedad salta doquiera,
y cual un manto en el vetusto muro,
de esperanza y peligro en el conjuro
despliega su plantío el labrador.
Nariño sienta inconmovible planta
del mar azul en la tendida playa,
y alza la frente entre la nube gaya
circuída de fúlgido arrebol.
Ostenta panoramas revestidos
con adornos de mágica belleza,
su heredad codiciada en la riqueza,
son las selvas inmenso parasol
La majestad tranquila de los Andes
que forman dientes de cortante sierra,
como un pedazo de Edén encierra,
de Nariño la gran fragosidad.
Tajados, como almenas poderosas
del Guáitara profundo los peñones,
se yerguen, y amurallan las prisiones
del río, que atormentan sin piedad.
En un valle de paz, entre dos cimas
que vigilan celosas su grandeza,
se halla Pasto vestida de belleza,
como fuente de excelsa inspiración.
Y como siervas que su estrado tocan
la circuyen risueñas poblaciones,
testigos de su honor y sus acciones
guardianas de su escudo y su blasón.
En Lontananza en fila el Doña Juana
sin apagar las iras de otros días,
lo escoltan azuladas serranías
con su manto de selva tropical.
Del turbio Juanambú corren las aguas
deruviando la tierra, en su apetito,
cual si ocultar quisieran un delito
se ocultan entre el verde carrizal.
Entre el hielo y el fuego ¡qué ironía!
alza el Cumbal la empenachada frente,
y de su seno de caldera hirviente
se lanzan nubes de humos en tropel.
Saluda con sus llamas al Galeras
solitario, soberbio, en ira ardiendo,
porque el Guáitara pasa el lecho abriendo
a sus pies con las aguas por cincel.
Sin preguntar la edad a los arcanos,
del Putumayo en tierras aledañas,
a la Cocha en su cuna de montañas
la mecen el Encano y el Guamués,
Allí las ninfas, que a morar vinieron
En lacustre, magnífico palacio,
bajo el cóncavo solio del espacio
su grácil cuerpo bañarán tal vez.
En corto espacio del terreno hermanan
calor intenso y tormentoso frío,
por doquiera se extiende el labrantío
cargado de los frutos en sazón.
Abre su arteria el refrescante arroyo
para nutrir la sementera bella,
y va marcando su graciosa huella
con tintes de feraz vegetación.
Sobre el verdor de la luciente rama
brota el rubí del cafetal hermoso,
concentrado por febo generoso,
en la almendra a esencia de un licor.
También del suelo la fecunda entraña
una legión de frutos alimenta,
del labriego con ellos apacienta
la constancia en las horas de labor.
Por la ceja del monte pavoroso
que reposa la base en el abismo,
abrió la carretera, en su heroísmo
el pueblo de Nariño emprendedor.
El soplo del progreso hinchó sus velas,
lo cruzan cual arterias los caminos,
la riqueza eterniza sus destinos
con oro de un intérmino filón.
Nariño está de pie, su frente altiva
de noble orgullo ostentará bañada,
su mente clara, vigorosa, activa,
quiso escoger Minerva por morada.
Libre como la luz, solo cautiva
todas sus fuerzas la Deidad Sagrada;
para salvar la Patria es un guerrero,
para sembrar el bien es un obrero.
De Las Lajas ferviente peregrino,
allí su afecto el corazón despliega,
al amor, la confianza y su destino,
a esa Madre bondadosa entrega.
Su apoyo busca en el poder Divino
de la existencia en la penosa brega,
y lo encuentran las penas sin desmayo
de esperanza alumbrado por un rayo.