viernes, 11 de diciembre de 2009

UNA RELACION DE PARENTELA INSOSPECHADA



La ilustre matrona y poeta de GUAITARILLA, a pesar de su origen Tuquerreño, tiene además de sus dotes literarias y regia personalidad, también lejanas huellas sanguíneas con la muy conocida Santa Marianita de Jesús, conocida como LA AZUCENA DE QUITO. Para demostrarlo a quienes desde ya les vemos escépticos ante estas no muy ligeras apreciaciones les hacemos el siguiente ÁRBOL GENEALOGICO de la ascendencia y parentela :

DARIO ARCINIEGAS, lugareño de GUACHUCAL, quien para esos remotos tiempos tuvo la oportunidad de conocer a SIMON BOLIVAR, se casa con MERCEDES FLOREZ Y PAREDES, Hermana de LA SANTA, así se lo dio a conocer María Emilia.

De dicho hogar nace MECIAS ARCINIEGAS, quien se casara con MARIA PANTOJA, estos tiene varias hijas a saber: ROSITA, MARGARITA, MARIA EMILIA y a JESUS Y ANTONIO ARCIENIEGAS.

MARIA EMILIA, quien hace el presente relato que nos ha llegado por la tradición oral, en su juventud tiene con el PROTOMEDICO DE AMERICA CAMILO ALVAREZ a la hoy poetiza TULIA MARIA ALVAREZ ARCINIEGAS; luego se casa con TEODORO MERA, quien fuera Alcalde de Guaitarilla, y tienen a un único hijo ENRIQUE MERA ARCINIEGAS.

La poetiza a quien el 28 de noviembre sus diez hijos , sus veinticuatro nietos y cinco biznietos le celebraron el nonagésimo cuarto aniversario se deleitó dándonos esta cátedra del SANTORAL en diáfana conversación que atraía la atención de todos, cuando SORPRENDE al auditorio contando una feliz anécdota dada como VALOR ESPIRITUAL por la santa: “un don maravilloso hasta la quinta generación”. Los hijos y nietos quedamos absortos tanto como ella preguntándonos cual era ESA GRACIA ???

A la fecha y desde muy pequeños la hemos buscado en la riqueza, en la abundancia, en la libertad, en la cultura, en las bondades de la tierra que nos vio nacer, en las amistades y pueblo con el que compartimos todo, en la fortuna del estudio y consagración personal, en fin y no le hallamos, es... como un sortilegio... al que hoy interpretamos como ...LA VENTURA DE LA VIDA, es decir LA GRACIA DEL VIVIR Y DEL SABER VIVIR, es como que Dios por su intercesión ha prodigado a su descendencia con LARGOS Y HERMOSOS AÑOS de vida, pues de otro modo es poco hoy pensable la longevidad de la poeta.

La poeta no es descendiente directa de dicho tronco sino deriva del que deviene de su hermana.

Ahora les invito a ver una pequeña biografía de SANTA MARIANITA DE JESUS LA AZUCENA DE QUITO:

Nació el 31 de octubre de 1618 en Quito, capital de Ecuador y por aquel entonces ciudad de la Real Audiencia del mismo nombre, en el seno de una familia descendiente directa de los conquistadores españoles. Huérfana desde niña, fue tutelada por su hermana mayor de nombre Jerónima Mercedes y su esposo quienes la criaron como hija suya a pronta edad dio muestras de una precoz vida religiosa, retirándose a rezar y a practicar penitencia en su propia habitación, la cual despojó de todo mueble para ello, con la única compañía de una calavera. Sólo salía de casa para asistir a misa o recibir los sacramentos.

Conocida como "La Azucena de Quito" por un suceso sobrenatural que le es atribuido: Una vez estando enferma, le sacaron sangre y tras analizarla, la tiraron en una maceta, en la cual nació después una azucena. Con esa flor la pintan a ella en sus cuadros. Y azucena de pureza fue esta santa durante toda su vida.

El día 30 de noviembre de 1945, la Asamblea Nacional Constituyente de Ecuador le otorga el título de "Heroina de la Patria"

Su director espiritual fue el pintor y poeta jesuita Hernado de la Cruz, que la retrató.

Beatificada el 20 de noviembre de 1853, por el Papa Pío IX y canonizada el 4 de junio de 1950 por Pío XII, siendo la primera santa ecuatoriana y considerada como patrona de su país natal.

Su festividad se conmemora el 26 de mayo.

Se construyó en el solar de la casa de su hermana una habitación separada, y allí se dedicó a rezar, a meditar, y a hacer penitencia. Había aprendido muy bien la música y tocaba hermosamente la guitarra y el piano. Había aprendido a coser, tejer y bordar, y todo esto le servía para no perder tiempo en la ociosidad. Tenía una armoniosa voz y sentía una gran afición por el canto, y cada día se ejercitaba un poco en este arte. Le agradaba mucho entonar cantos religiosos, que le ayudaban a meditar y a levantar su corazón a Dios. Su día lo repartía entre la oración, la meditación, la lectura de libros religiosos, la música, el canto y los trabajos manuales. Su meditación preferida era pensar en la Pasión y Muerte de Jesús.


En el templo de los Padres Jesuitas encontró un santo sacerdote que hizo de director espiritual y le enseñó el método de San Ignacio de Loyola, que consiste en examinarse tres veces por día la conciencia: por la mañana para ver qué peligros habrá en el día y evitarlos y qué buenas obras tendremos que hacer. El segundo examen: al mediodía, acerca del defecto dominante, aquella falta que más cometemos, para planear como no dejarse vencer por esa debilidad. Y el tercer examen por la noche, acerca de todo el día, analizando las palabras, los pensamientos, las obras y las omisiones de esas 12 horas. Esos tres exámenes le fueron llevando a una gran exactitud en el cumplimiento de sus deberes de cada día.


Para recordar frecuentemente que iba a morir y que tendría que rendir cuentas a Dios, se consiguió un ataúd y en el dormía varias noches cada semana. Y el tiempo restante lo tenía lleno de almohadas que semejaban un cadáver para recordar lo que le esperaba al final de la vida. Se propuso cumplir aquel mandato de Jesús: "Quien desea seguirme que se niegue a sí mismo". Y desde muy niña empezó a mortificarse en la comida, en el beber y dormir. En el comedor colocaba una canastita debajo de la mesa y se servía en cantidades iguales a todos los demás pero, sin que se dieran cuenta, echaba buena parte de esos alimentos en el canasto, y los regalaba después a los pobres.


Uno de los sacrificios que más la hacían sufrir era no tomar ninguna bebida en los días de mucho calor. Pero la animaba a esta mortificación el pensar en la sed que Jesús tuvo que sufrir en la cruz. Se colocaba en la cabeza una corona de espinas mientras rezaba el rosario. Muchísimos rosarios los rezó con los brazos en cruz.


Como sacrificio se propuso no salir de su casa sino al templo y cuando alguna persona tuviera alguna urgente necesidad de su ayuda. Así que el resto de su vida estuvo recluida en su casa. Solamente la veían salir cada mañana a la Santa Misa, y volver luego a vivir encerrada dedicada a las lecturas espirituales, a la meditación, a la oración, al trabajo y a ofrecer sacrificios por la conversión de los pecadores.


Sucedieron en Quito unos terribles terremotos que destruían casas y ocasionaban muchas muertes. Un padre jesuita dijo en un sermón: - "Dios mío: yo te ofrezco mi vida para que se acaben los terremotos". Pero Mariana exclamó: - "No, señor. La vida de este sacerdote es necesaria para salvar muchas almas. En cambio yo no soy necesaria. Te ofrezco mi vida para que cesen estos terremotos". La gente se admiró de esto. Y aquella misma mañana al salir del templo ella empezó a sentirse muy enferma. Pero desde esa mañana ya no se repitieron los terremotos.


Una terrible epidemia estaba causando la muerte de centenares de personas en Quito. Mariana ofreció su vida y todos sus dolores para que cesara la epidemia. Y desde el día en que hizo ese ofrecimiento ya no murió más gente de ese mal allí. Por eso el Congreso del Ecuador le dio en el año 1946 el título de "Heroína de la Patria".


Acompañada por tres padres jesuitas murió santamente el viernes 26 de mayo de 1645. Desde entonces los quiteños le han tenido una gran admiración. Su entierro fue una inmensa ovación de toda la ciudad. Y los continuos milagros que hizo después de su muerte, obtuvieron que el Papa Pío IX la declarara beata y el Papa XII la declarara santa.

Publicado por Maria José Acuña Belaustegui.