sábado, 27 de septiembre de 2008

Construccion del templo



A finales de 1938 el cura JUAN, a quien así llamaban, organiza la feligresía para ponerla en pie de acción en torno de la construcción de un templo digno de Dios y de las gentes del pueblo.

Se previó hacerlo en material de Ladrillo quemado y con fortalezas de estructura en hierro; organizó los comités. Se destacaron los de las veredas los cuales todos los domingos del año 39 y 40 llevaron del monte toda la leña posible, (No se pensaba en ecología hoy muy de moda) por la abundancia de maderos apropiados para hornear el barro. La arena entre gris y blanca fue extraída de una mina que se hallaba en la vereda la Ciénaga, propiedad de familia del pueblo de apellido PORTILLA; el padre Juan Clímaco Ortiz, hacia misas en estos lugares con el compromiso que al terminar todos los feligreses deberían un poco de arena o una piedra para ayudar a la construcción del templo.

El barro se sacó del punto denominado la TEJERÍA, a un costado de la plaza de mercado y dirigieron la pisada del barro maestros alfareros y albañiles que elaboraron ladrillo sin fin y tejas en cantidad para la cubierta de la nueva casa, entre tanto las gentes del pueblo realizaban fiestas, bazares o tómbolas y rifas para recolectar el dinero necesario y financiar otros materiales como hierro, vitrales, baldosa, cemento, arena y pintura de muchos colores.

No se quedó corto el cura y pensó en una obra majestuosa y su colosal trabajo quedaría inconcluso si no pensaba en un CAMPANARIO Y UN RELOJ, “Estas son las mismas que existieron en la iglesia pajiza”, contó don Vicente Solarte “Creo que fueron traídas de Boyacá, de un pueblo famoso donde las elaboraban muy sonoras, no son tuquerreñas aunque allí trabajaban mucho la pailería”. Agregó. “El reloj es Alemán, yo fui uno de los que fue a cargar y traer desde Tumaco y el diviso, llegó en barco”, dijo.

“Éramos como hormiguitas trabajando” dice don Higinio Solarte papá del padre Román, quien llegara a ser Coadjutor de la parroquia. “No importaba la clase de donaciones ya dinero, ya maíz, trigo, papa, calabazas, gallinas, pavos, terneros encolchados de dinero que se rifaban o remataban al mejor postor etc. Todo se almacenaba en bodega y se vendía en PASTO y con ese dinero se efectuaban las compras requeridas”.

Fue una obra comunal en la cual hasta los niños de las escuelas participaron por los polvorientos caminos y quebradas ayudando a sacar cantidades de piedra, la necesaria para las bases y la mezcla o llevando tejas y ladrillo desde la Tejería hasta el parque donde queda el templo.


Cuanto dinero se recogió? “No importa” dijo don JORGE SOLARTE, otro de nuestros relatores, “Lo hay tanto cuanto pueda valer esta magna obra, para Dios y para el pueblo que lo queremos de manera infinita”